Pila Gonzalez Blog

2° Temporada

Volver al inicio

20 | Ahora sí que estamos fritos

¡Ay, Tronco querido! Mi viejo amigo. No tenés ni la más puta idea de lo que acaba de ocurrir. ¡Ay, mamita santa! Estoy con las patitas temblando. El quilombo que se armó con ese juicio al Pirata. No sabés. Que barbaridad, che. ¡Qué cosa de locos! Yo no se bien donde estoy parado. Pero creo que se vienen una bien gorda. Pero de las gordas, gordas, Tronco. De esas que nunca vivimos ni vos, ni yo, ni el Capitán. ¡Ay Rintintin y Lassie santos! No se para donde patearla. Es demasiado para mi. Esta situación se nos fue a todos de las manos, viejo. Y ahora aguantate la tormenta. Yo que estaba tranquilo o creía que estaba tranquilo y ahora esto. Ya no es lo que era, mi amigo. El barrio nunca más va a ser lo que era, Tronco. Te lo resumo un poco. Recién terminó el juicio y ahora empieza el mismo infierno. Todo se estaba desarrollando normalmente. La Doña Coquita que presidía el jurado junto al Felipe que se había escapado para el juicio y el Capitán. Sí, Tronco. El mismísimo Capitán estaba sentado al lado de la Coquita como uno más del tribunal. ¿De no creer, no? Fue una gran sorpresa para todos. Nadie sabe como hizo para estar ahí porque no pudimos charlar ni antes ni después. Pero ahí estaba. Impoluto como siempre. Con esa impronta que lo caracteriza. Del otro lado estaban el Pirata y la Matilde. Los acusados. La Doña Coquita le indicó al Felipe que nombrara los cargos contra esos dos y dio comienzo a las preguntas. Los acusó a los dos de no respetar los códigos de convivencia del barrio, de agitar, de provocar destrozos y de resistirse a las autoridades. Dijo que la pena era que tenían que presentarse solos a la Perrera y pasar allí un tiempo. El Pirata pidió clemencia y que no sean tan injustos con él alegando que había actuado baja influencias. Malas influencias, dijo, de los galgos sarnosos esos. Se basó en la cláusula de Obediencia Debida. La Doña Coquita escuchó todo y le preguntó al Capitán si tenía algo para agregar. El Capitán se paró y con voz pausada, serena y segura dijo que si fuera por él, no los metería a la Perrera al Pirata y a la Matilde, sino que los condenaría a trabajos comunitarios en el barrio. Que era demasiado meterlos adentro. Que todos se merecían una segunda oportunidad. ¿¡Para qué!?, Tronco. Fue la chispa que incendió el fuego. A la Doña Coquita se le salieron los ojos para afuera y lo encaró directamente al Capitán. — ¡Una segunda oportunidad mis tetas! —gritó. ¿Quién sos vos para pedir segundas oportunidades? ¡Justo vos! No tenés cara. Todos quedamos en silencio. Re cagados. Nunca había visto esa cara en la Coquita. Estaba loquísima. No paraba de gritarles cosas al Capitán. Se ve que lo del pasado volvió a salir a la luz, Tronco. La Doña Coquita no es una perra de olvidar y menos de perdonar. El Pirata no sabía que hacer. Estaba ahí parado con una cara de boludo bárbaro, buscando ponerse de un lado pero no tenía idea de cuál. Hasta que el Capitán explotó. Sí, Tronco. El Capitán. Empezó también a los gritos. Nunca se lo vio así. Estaba fuera de sí. —¿¡Y vos que mierda me venís a decir ahora?! — le gritó a la Coquita—. Que te fuiste de un día para el otro y me dejaste sólo como un perro malo. A la buena de Dios. —¡Me fuí porque vos te revolcaste con esa cajetuda y me dejaste en ridículo adelante de todo el Barrio! —Sabés que eso no es verdad. Y así siguieron un buen rato, Tronco. Se sacaron todos los trapitos al sol en el medio del juicio. Todos fuimos testigos de las cosas que pasaron entre ellos. —¡Basta! —gritó de pronto el Capitán—. Me voy a la mierda. No quiero escucharte un segundo más. Estás más loca que una cabra. Y se fue puteando. Lanzando tarascones e insultos al aire. Nada propio de él. Estaba sacado. Pero esto no terminó ahí. Mientras la Coquita y el Capitán se peleaban y, aprovechando el desconcierto de todos, la Matilde y el Pirata se fugaron. Desaparecieron. Se hicieron humo. Cuando se calmó un poco todo y la Coquita se dio cuenta de esto, se puso re furiosa. —¿¡Qué alguien me diga donde mierda están los acusados!? Nadie dijo ni mu. No sabíamos que contestarle. Todos estábamos tan sorprendidos como ella. —¡Se escaparon! Esos sarnosos se escaparon. Quiero la cabeza de los dos en una bandeja. El que me los traiga se asegura comer carne de la buena todos los días por el restos de sus vidas. Esa es la recompensa. Y así fue como todos nos miramos y salimos disparados para cualquier lado. Algunos locos los escuché decir que iban en busca del Pirata y la Matilde. Pero yo no soy tan suicida, Tronco. Yo me rajé y nada más y me vine con vos a contarte todo. Che. Me parece que tenemos que ir los dos con el Capitán. Nos necesita. Yo se que vos no podés salir pero busquemos una forma. Ya que están tan de modas las fugas, hagamos una y vayamos a hablar con nuestro mentor. ¿Que me decís? FIN DE LA SEGUNDA TEMPORADA (Sí. Ya sé. Me tendría que poner a escribir la tercera parte... Estamos en ello.) ir al 19° Episodio

Seguir leyendo...

16 | Una carmelita descalza

Y así estamos, Tronquito querido. Seguimos en la lucha, hermano. No te voy a negar que las cosas cambiaron desde que llegó la Doña Coquita, pero en lo que respecta a la Lolita, todo igual, viejo. Histeriqueos de adolescentes.  ¡Ah! No. Pará. Antes que me olvide. ¿A qué no sabes quién volvió? Si, Tronco, el Chuzo. Dicen que es otro. Yo todavía no lo vi pero me llegó la data que está re cambiado el loco. Parece que conoció a una pura raza y se la trajo para el barrio. Ahora se anda haciendo el finoli. Cuando se enteren la India y la Matilde la que se le va a armar. ¿Te acordás que te había contado que las dos estaban preñadas del Chuzo de antes que desaparezca? Bueno. Acá lo tenés al vago. Vamos a ver cómo se escapa de esta. Merecido que se lo tiene al quilombo que se le viene. Ya está grande para andar haciendo esas cosas.  Y encima que se aparezca con otra hembra: es demasiado.  Este orejudo anda tentando al destino a cada rato. Pero de esta no zafa. Con respecto al Pirata, seguimos a la espera de juicio. El kia está hecho un pollito mojado. Dócil como una pluma. Ayuda en todo lo que le pidamos y yo medio que me lo aprovecho, viste.  Para joderlo, nada más. Ayer, sin ir más lejos, le pedí si no me hacía unos masajes que andaba medio contracturado el pescuezo. Me estaba por mandar a la mierda cuando justo pasa la Doña Coquita. Y no va que se me puso a hacer masajes. —Para un amigo como vos, como no le voy a hacer masajes, Manchitas  — me dijo y todo. Tomá mate, Tronco. Media hora estuvo el mastodonte. Y yo quede hecho una seda. —Gracias Piratita —le dije cuando terminó y me fui rajando porque la Doña Coquita ya se había ido y no vaya a ser cosa que me destripe este otro. Y así con todo. Nos trae huesitos al baldío. Se aparece con bolsas de basura gigantes y reparte el botín. Una carmelita descalza. Y bueno viejo, se lo buscó. Que se joda por boludo. Se hizo el loco tanto tiempo que ahora le llegó la hora. Karma se llama eso, Tronco. Karma. Si. Ya sé qué sueno como el Chuzo con esto de la espiritualidad y esa mierda, pero, ¿qué querés que te diga? Últimamente me estoy volviendo medio filosófico. Y que esto del karma existe, no te quepa la menor duda. Sino miralo a este Pirata. A todos les llega. Si vos te manejas dentro de la ley no tiene por que pasarte nada malo. Lo blanco, blanco y lo negro, negro, Tronco. No hay más grises en este barrio. Y no es que me esté volviendo un chupamedias de la Doña Coquita. Es que esta nueva forma de vida es mejor. Nadie te molesta. Todos están dispuestos a ayudar. No te voy a negar que la mayoría lo hace por miedo a las represalias y eso. Pero se vive mejor y punto. No hay que darle vueltas al asunto. Yo no sé qué va a pasar con el juicio ese, pero estoy tranquilo. Las cosas como son y si no te gusta ya sabes el camino. Prefiero esto a la anarquía total que había antes.  Bueno amigo. Sigo viaje. Me voy a caminar un rato por ahí a ver que surge. Y de paso voy pensando qué carajo hacer con la Lolita. Algo se me va a ocurrir y esa lanudita va a ser mía para siempre. Cuídate Tronquito. Saludos a la Panchita. Nos vemos mi viejo. ir al 15° Episodio ir al 17° Episodio

Seguir leyendo...

12 | El julepe de andar solo

Bueno, Tronco. Como te iba contando ayer antes de que me cagara. Cuando los grillos del bosque me sacaron carpiendo anduve deambulando sin saber para donde disparar entre los bosques. No te imaginas el julepe que tenía. Estaba todo oscuro, había muchos sonidos extraños, sombras que se me aparecían mientras caminaba. En fin. Era una de terror, mirá. Para colmo seguía escuchando a esos condenados grillos. No sé si seguían en mi cabeza de trastornado nomás, o qué, pero parecía como que me seguían a donde iba. Me querían fajar, Tronco. Son vengativos y rencorosos esos bichos. Yo sé lo que te digo. Nunca te metas con uno porque si no… viste. A todo esto ya había pasado como dos horas del incidente con estos. Estaba re paranoico y eso que no había probado ninguno de esos hongos raros que nos convidó el Chuzo cuando salimos. No me preguntes como pero de pronto llegué a una especie de descampado donde no había ni una planta a la redonda. No sé cómo mierda llegué allí, pero ahí estaba. Más solo que nunca y ahora más perdido todavía porque no tenía siquiera las referencias de los árboles. Estaba en campo abierto que se dice, Tronco. Ahí era presa fácil, pero no quería volver a internarme en los bosques, viste. Estaba con un dilema. Así que seguí con paso firme derechito, con las orejas paradas y el olfato agudizado. Siempre para adelante. De golpe, Tronco. No va que meto las patitas en un charco de barro. Era como un pozo. —¿Qué te pasa boludo? —escucho que alguien me dice, Tronco—. ¡Porque no mirás donde caminas, manchado! —¿Quién dijo eso? ¿Quién anda ahí? —salté y mostré los dientes a la penumbra. No sabía de donde venía esa voz, ni quién era, ni cuantos eran, ni si me querían comer o qué. Estaba todo cagado, Tronco. Casi que entregado. Sin ánimo de pelear a esa altura, ni nada. Estaba vencido, cansado. Me iba a rendir ahí nomás. Era penoso. —¿Qué agitas perrito, que agitas? —vuelve a decir la voz. …y ahí lo vi, Tronco. Un sapito que se le veían sólo los ojos entre el barro. Que risa. No me llegaba ni a las pesuñas el vago. Ahí me tranquilicé un poco. Me volvió el alma y recuperé el aliento. —Ah, eras vos —le digo. —Sí. ¿Quién querés que sea, tu vieja? —me dijo y se largó a reír a carcajadas limpias. Era un espanto el sonido que hacía. “Croc, cric, croc”, algo así. Tenías que haberlo escuchado, Tronco. —¿Dónde mierda estoy? —le pregunté. —En los campos —me responde. —Sí, ya sé, ¿pero dónde? ¿En qué lugar? —Y qué se yo. A mí que me viste, cara de guía de turismo. Mirá para allá tenés campos, para allá también y así. No podía razonar con ese sapo, Tronco. Estaba muy agresivo el guacho y a mí se me había pasado el miedo y encima me estaba poniendo de los pelos también con ese escuerzo de su madre. —Bueno. Gracias por nada —le dije y seguí mi camino. —¡Pará! ¡Pará! No te pongas así. Te estaba jodiendo, che. No te aguantas una, vos. Vení. Quédate a charlar un rato que estoy medio aburrido acá. Yo, Tronco, mucho no tenía que hacer, así que me volví y me puse a charlar con el Croqui, jeje. Así lo apodé al batracio este. Mucho no le gustó al principio, pero se lo tuvo que bancar. Entre una cosa y la otra me contó que se separó de una rana y que ahora le anda arrastrando la papada a otra que todavía es un renacuajo, mucho más joven que él. Le gustan las pendejas, viste. Está re caliente con esa minita y me dijo que cada vez que la ve se hincha como un… bueno, como lo que es. Yo también le conté mi historia. La que vos sabes, Tronco. Le hablé de la Lolita, de todos los quilombos que tengo. También le hablé de vos, no vaya a ser cosa… jeje. ¡Gordito lindo! Al final terminamos íntimos. No tanto como con nosotros, ¿viste?, pero resultó buen anfibio al final el Croqui. Nos quedamos charlando toda la noche y quedé en que lo pasaba a saludar un día de estos. Cuando amaneció se me hizo más fácil de encontrar como volverme. Y acá estoy. Bastante caliente con el Chuzo y con el Perico. No les vuelvo a dirigir ni un gruñido a esos dos. No me pude relajar un carajo en el viaje. Pero lo positivo es que lo terminé encontrando al Croqui así que la experiencia quedó en empate. Y ahora te dejo, amigo. Me voy para el parque que está pasando las vías a ver si la veo a la Lolita que hace rato que no tengo noticias de ella. Y vos no te me pongas celoso del Croqui. Mirá que te conozco. Te hacés el que no te importa pero en el fondo estas celoso. Mandales saludos a la Panchita. Chau Croqui… eh… digo, Tronco… jeje. ¡Gordito simpaticón que sos! ir al 11° Episodio ir al 13° Episodio

Seguir leyendo...

19 | Se pudrió todo

¡Se pudre todo, Tronco! Se pudre todo y me importa una mierda la Coquita, el Pirata, el juicio y la puta que lo re mil parió. No, viejo. Así no. Ahora sí que me van a conocer. Quién es el Manchitas enojado. Hasta acá me la banqué como un campeón, pero esta fue la gota que rebalsó el vaso. Y me cansé, Tronco. ¿Qué querés que te diga? Me cansé de ser el hazmerreír del barrio. Me cansé de que todos me tomen el pelo... ¡y no bajo la voz un carajo! Que venga la vieja de la casa gris, El Gordo o Machueta que los boxeo a todos. Porque esto es el colmo. ¿Podés creer, Tronco que esto me pasa a mí? Y justo ahora. Se acabaron los códigos en este lugar y si quieren que juegue de esta manera, juego de esta manera. Porque a compadrito, compadrito y medio. Me fueron buscando todos estos años y acá me tienen. Querían que sacará lo peor de mí y lo lograron. Ahora a ban—cár—se—la, viejo. Caiga quien caiga. Me rompieron mucho las pelotas así que ahora hay guerra. Voy a ir hasta las últimas consecuencias, Tronco. Voy a por todos y cada uno de ellos. Me chupa bien un huevo quién se cruce. Si querían que fuera forro, bueno, este es el nuevo Manchitas. El más forro de los forros.  No, Tronco. No me puedo calmar. No quiero escucharte ni a vos ni a El Capitán, mira.  El tiempo de las palabras ya fue. Ahora acción, loco. Palo y a la bolsa. Y el primero que la va a ligar va a ser ese Chihuahua de mierda de la Rubia que vive pasando el parque. ¿Podés creer que el hijo de puta, ese Ratón de alcantarilla, se garchó a la Lolita? Sí, Tronco. El muy turro se cagó en mi descaradamente. Le importó una chota que yo la venía marcado todo este tiempo. Él fue y pim, la embocó. Todo esto que te cuento pasó anoche en el parque ese de mierda. Y no me lo contó nadie. No. No. No. Yo lo vi con mis propios ojos. Si no la dejó preñada pega en el palo. Mira te la hago corta porque estoy re caliente y lo voy a ir a buscar a la casa para cargarlo bien a trompadas. Así nomás. sin permiso de la Doña Coquita ni de nadie. Me le paró enfrente de la casa y empiezo a ladrar como un loco, y cuando esa rubia teñida se asoma, la paso por arriba y después lo agarro al Chihuahua.  Bueno, te decía. ¿Viste que las cosas con la Lolita no venían bien desde el otro día que me vio con la India? Resulta también que el Gordo boludo parece que se hizo amiguito con la Rubia y ahora quieren hacer gimnasia todos los días a las nueve de la noche en el parque. Y por supuesto llevan a la Lolita y el hijo de puta del Toby. Los dejan atados por ahí y se ponen meta que te meta con los abdominales y las flexiones. A todo esto, yo me acerqué hasta el Parque anoche con una flor en mi hocico en busca del perdón y la reconciliación. Pero cuando llegó lo veo al enano de mierda montándose a la Lolita. Le estaba dando como un conejo, medio de costado porque no llegaba y la Lolita ni mu. Ni se mosqueaba la hija de remil. Lo más pancha se quedaba, con perdón de tu esposa, Tronco. Cuando los vi me puse como loco. Empecé a ladrar con furia que me escucharon todos en el Parque. La Lolita fue la primera en verme y ahí se apartó del Toby. Pero yo ya los había visto, Tronco. Yo tenía guardada esa imagen en mi cabecita y hasta que no lo reviente a ese gil de cuarta no me la voy a sacar encima. Encima el forro me mostraba una sonrisita como de satisfecho. Estaba feliz el muy turro. Obvio que me vio el Gordo que me empezó a sacudir cascotazo de lejos. No me quiso correr para no pasar otra vez vergüenza. Una piedra me dio en el lomo que me dobló del dolor. Pero, Tronco. Yo el dolor lo tengo acá, en el pecho, en lo más profundo del corazón. Me siento traicionado. Defraudado. Humillado.  Lo último que escuché antes de rajar fue a la Lolita que me gritaba: —¡Manchitas! ¡Manchitas! ¡Esperá por favor! Esto no es lo que parece.  ¿Sabés las veces que escuché esa frase en mi vida, Tronco? Se cree que soy boludo. Pero no, viejo. Se viene la noche acá en el barrio. Se viene el Manchitas asesino. Ya estoy afilando los dientes y las garras. Ya vas a ver, Tronco. Va a correr sangre y te aseguro que no va a ser la mia.  Y ahora me voy me voy porque tengo muchas cosas que pensar y planificar. Perdón pero en esta no te escucho, Tronco. Ese Manchitas que conociste ya no existe. Chau, viejo. Saludos a la Panchita. ir al 18° Episodio ir al 20° Episodio

Seguir leyendo...

15 | Se armó la gorda

¡Tronco! ¡Tronco! ¡Pará! No sabés lo que pasó. Ni te imaginas el quilombo que se armó esta mañana. De no creer. Mirá. Mírame las patitas. Todavía estoy temblando. Que nervios, che. Nunca viví nada parecido en mi vida. Déjame recuperar el aliento y te cuento. Ay, mamita. Que feo se puso, Tronco. ¡Qué feo! Resulta que se apareció el Pirata bien temprano en el baldío a los gritos pelados. Decía que el no era un callejero cualquiera. Que no iba a aceptar el liderato de nadie. Que a él nadie le iba a dar órdenes y que de ninguna manera iba a pagar los tres huesitos de impuestos por semana. Y así estuvo como cinco minutos vociferando que nos despertó a todos. Pero no vino sólo el Pirata, Tronco. Se trajo a dos galgos sarnosos y armó un motín ahí mismo. La Matilde enseguida se fue a parar atrás del Pirata y empezó a gritar también que ella no iba a pagar nada. Una de gritos y ladridos que ni te cuento. La Doña Coquita estaba en su cuchita pero no salía a enfrentarlos. Se había generado una tensión en el ambiente, Tronco, que se cortaba sola. El Pirata al no verla salir medio que se agrandó y siguió haciéndose el macho cabrío. De pronto se asoma la Coquita desde su cuchita. —A ver, ¿Qué pasa acá? ¿Qué son esos maullidos a estas horas? —salió diciendo entre dormida. —¿Así que vos sos la famosa Coquita? ¿La que se hace llamar “La Doña”? —le dijo el Pirata. Yo ahí mismo pensé que se armaba el lío, Tronco. Nunca había escuchado a nadie que se animara a dirigirse con esa altanería a la Doña. Pero no. La tipa seguía muy tranquila y caminaba despacio al encuentro con el Pirata y los dos galgos. Ah, y la Matilde que estaba atrás también. —No tan famosa —dijo después de un rato—. ¿Y quién sos vos cachorro? ¡Para qué! Rojo como un tomate se puso el Pirata. Estaba que trinaba. Echo una furia. Los ojos que se les salían para afuera, Tronco. —¡Yo soy el Pirata! —dijo haciéndose escuchar bien fuerte. Los galgos se adelantaron unos pasos y mostraron los dientes. No dijeron nada, pero estaban al acecho. Preparados para que o el Pirata les dé la orden o que se armé la gorda. —Ah, mirá vos. El Pirata. ¿Y tus amiguitos quiénes son? —Son amigos. Eso son. —Ah, sí. ¿Y decime, que andan haciendo por mi barrio? —dijo la Coquita remarcando bien las palabras “mi barrio”. —¡¿Tu barrio?! Jeje. —dijo el Pirata—. ¿Pero quién te crees que sos, negrita? ¿A quién te comiste? No, Tronco. Me muero. De sólo contártelo se me hiela el pellejo, mirá. Mirá. ¡Mirá! —Preguntále a la cola de tu amiguita que tenés ahí atrás tuyo —dijo la Coquita señalando a la Matilde. Creo que a esa altura la Matilde se había arrepentido de haberse puesto del lado del Pirata. Estaba que temblaba toda también y se le veía el miedo en los ojos. Era re tenso, viejo. Ay, pero que tenso que era ese momento, Tronco. No sabés. —Ah. Sí —dijo el Pirata—. Me contó lo que pasó entre ustedes. Que se agarraron de las mechas hace un tiempo. —Bueno, si te contó porque no me haces el favor de mandarte a mudar. —¡No nos vamos nada! —saltó uno de los galgos. —Sí —dijo el otro—. De acá no nos mueve nadie. ¿Está claro? La Coquita seguía muy tranquila. Parecía desanimada. Alicaída. Eso hacía que tuviera más cagazo yo, Tronco. No sabía cómo podría reaccionar y cuando se empezaban a dar. Y lo peor era que tenía miedo de ligarla yo también. Así, sin comerla ni beberla, ¿viste? —Es muy temprano chicos. Estoy cansada —dijo la Coquita bufando—. Anoche no dormí bien. No ando de buen humor, menos cuando me levantan a los gritos a las seis de la mañana. Miren. Se las voy a hacer corta. Y se lo voy a repetir una vez y lo voy a hacer muuuuy despacio para que les entre en esas cabecitas de pajaritos que tienen. Si no se van ya mismo… la van a pasar mal. —¿Es una amenaza? ¡Porque a mí no me corre nadie, eh! —dijo el Pirata. —Tomálo como quieras cachorro —dijo la Coquita mientras empezaba a caminar lentamente devuelta hacia su cuchita—, pero te vas ahora antes de que… —¿Antes de que, petisa? —dijo uno de los galgos. Ahí mismo y como un rayo la Doña Coquita se dio media vuelta y empezó a correr hacia el Pirata y los galgos. —¡A ella! —gritó el Pirata. Pero la Coquita ni lerda ni perezosa ya estaba saltándole al cuello de uno de los galgos. Tenés que haberla visto, Tronco. Una luz negra era. Y parecía que estaba en todas partes al mismo tiempo. Volteó al primero de un tarasconazo en la garganta y éste quedó tirado en el suelo aullando de dolor. Se agachó y el otro galgo le pasó por encima. Ni bien tocó el suelo se le fue al humo, lo agarró de la cola y le empezó a morder los huevos. ¡Ay, que dolor! No me quiero imaginar lo que habrá sentido ese sarnoso. Después le caminó por el lomo y le masticó el hocico. El galgo se fue rajando. Entonces quedaron mano a mano la Coquita y el Pirata. Era el momento, Tronco. La Coquita lo miró a los ojos fijamente y le gruño mostrándole todos los dientes sangrando. Con la sangre de los galgos, ¿viste? El Pirata también gruño pero sin convicción. No sonó muy bravo. Estaba cagado en las patas el guacho. Bueno, Tronco. Me tengo que ir. Después la sigo. Sí. Tengo que hacer unas cositas por ahí. Jaja. Mentira, boludo. Te estaba jodiendo. Como te voy a dejar el relato justo ahora. Jaja. Tenías que haberte visto la cara. Jaja. Entonces las Coquita empezó a caminar muy lentamente hacia el Pirata sin dejar de mostrarle los dientes. Y cuando ya estaba hocico con hocico y que se estaban por dar, la Doña Coquita lo mira y haciéndole el amague con la cabeza como que lo iba a atacar le dice “Bu”. Sí. “Bu”, le dice, Tronco. Como si fuera un fantasma. “Bu” le mandó la loca. Y el Pirata que se largó a llorar. —¡Perdón! ¡Perdón, Doña Coquita! ¡Excelentísima Coquita! ¡Perdón! —empezó a decir el mastodonte a los llantos limpios mientras se arrodillaba a los pies de la Coquita—. ¡Perdón! No sabía lo que hacía. La Doña se lo fue quitando de encima y se lo quedó mirando un rato. Para mí que estaba viendo si le daba una biaba o no. Al rato le dice que listo, que ya estaba. Que quería irse a dormir. Que estaba muy cansada para pensar que iba a hacer con él. Y lo citó para el viernes al mediodía en el baldío. Va a celebrar una especie de juicio o no sé qué mierda. Le dijo que tenía que ser puntual porque si no la cosa podría ser peor. La Matilde no se la llevó de arriba tampoco. También está citada para el juicio del viernes y ahí mismo le subió los impuestos a quince huesitos que tenía que conseguir antes del fin de semana. Jaja. No se cómo va a hacer para conseguirlo la loca. Esta toda preñada y no tiene mucha clientela por esta época. Pero no es problema mío, Tronco. Ya te dije el otro día. Lo bueno que se está poniendo esto, querido. Ley marcial declaró hasta el juicio del Pirata y la Matilde, así que ninguno de los callejeros podemos alejarnos del barrio y tenemos que volver al baldío antes de que oscurezca. No, si el horno no está para bollos, Tronquito. Y ahora me las pico que en un rato se va el sol y todavía no conseguí la cena de esta noche. La que se viene, Tronco. La que se viene. ir al 14° Episodio ir al 16° Episodio

Seguir leyendo...

11 | Perdidos en los campos

¡No me hables, Tronco! Tengo una calentura que vuelo, mirá. Pero esto es culpa mía. Yo sabía en lo que me metía. Pero, no. Igual fui. Cabeza dura que soy. Estoy que no doy más, che. Al final, me fui unos días a los campos a descansar y lo que menos hice fue descansar. Me la pasé renegando todos los santos días. Te cuento, Tronco. Para desahogarme, mirá. Viste que nos íbamos a pasar unos días a los campos con el Perico y el Chuzo. Bueno. Resulta que salimos el sábado temprano con la fresca. No queríamos que nos agarre todo el calor, así que le encaramos por la Calle 30 ni bien amanecía. No habíamos hecho ni cinco minutos que al Chuzo se le dio por parar que se estaba meando. Bueno, paramos. Pero después, a los cinco minutos otra vez y dale que se meaba. Tiene la vejiga muy chica este perro, no sé. Así nos estuvo parando cada cinco minutos hasta que llegamos a la laguna. —Estoy marcando de energía las plantitas, Manchitas —me decía. ¡Qué energía ni que ocho cuartos! Un hincha pelotas, nada más. Parece una perra. Bueno, una vez en la laguna nos acomodamos abajo de unos árboles que daban sombra y al Perico se le dio por ir a nadar. Volvió todo picado el boludo por unos bichitos negros, babosos que no se los podíamos sacar del cuerpo. Le ladrábamos, le mostrábamos los colmillos y los vagos ni se inmutaban. No sabes cómo estaba el Perico. Hasta sangre le salía de algunas partes. Pero él como si nada. Encima vio pasar una liebre entre las plantas y la salió a correr. Y eso fue lo último que supimos del Perico en todo el fin de semana, porque no volvió más el hijo de puta. Me dejó, ahí parado, solo con el Chuzo que ya estaba delirando devuelta. —¿No habrá vida en otros planetas, Manchitas? —me decía tirado panza arriba con un palito en el hocico. —¡Qué vida en otro planeta ni que mierda! ¡¿Ahora que hacemos acá que no conocemos el lugar ni cómo volver?! —le digo. —Relajáte, Manchitas. Disfrutá del paisaje. No te alborotés. Amor y paz, loco. Ya me tenía podrido. Toda la tarde así estuvimos. Yo tratando de encontrar una solución y este vago hablando pavadas todo el tiempo. Cuando vió que estaba atardeciendo me dice: —Vamos a meditar en la tranquilidad de los campos, Manchitas. Vení, seguíme. Llenémonos de energía. —A mí dejáme de joder con eso —le dije. Ni en pedo me metía por los campos solo con este loco. Y se fue. Vos podés creer, Tronco, que este también me dejó solo. Salió caminando hacia las plantas diciendo no sé qué de los mantras, del cosmos y las estrellas y no volvió más. Desapareció también el guacho. —Dale, Chuzo. Vení para acá. No te hagas el boludo —le gritaba yo, pero al pedo porque los dos, primero el Perico con la liebre esa y ahora el Chuzo con esa mierda de la meditación, me dejaron más solo que croto malo en el medio de los campos. Y se me venía la noche, Tronco. Volver no podía porque no sabía para donde era el camino con esa oscuridad que había y encima viste que ando chicato de olfato desde esa vuelta que metí el hocico en un tarro con no sé qué mierda acida. En un momento escucho que alguien me chistaba. Me pegué un julepe que ni te cuento. Me cagué en las patas. Yo estaba recostado abajo del árbol y me había acurrucado con unas ramitas que encontré por ahí. Estaba camuflado, Tronco, para que nadie me viera y de pronto escucho que empiezan a hacer ese sonido que te digo. —Cric, —al rato, Cric, cric... Y así sin parar. Esa insoportable. —¿Quien anda ahí? —salté yo mostrando los dientes y gruñendo como nos enseñó el Capitán. —Pará que somos nosotros, che...— escucho que alguien me dice. Yo miraba para todos lados re cagado como estaba, pero manteniendo la postura de firme. Pensaba que era el Perico que me estaba gastando una broma. —Dale, Perico. Ya me di cuenta que sos vos. No te sigas haciendo el boludo y salí de donde estás —le grito. Pero el sonido ese seguía retumbándome las orejas y no era de uno, parecía que había de a cientos que hacían ese ruido. —Acá abajo, boludo. Somos nosotros, los Grillos del Bosque —escucho que alguien me dice. Miro para abajo y ahí los veo, che. Dos bichitos negros con unas antenas largas que me estaban mirando y que de vez en cuando hacían ese "Cric, Cric". —¿Quiénes son ustedes? -les pregunté y me puse firme otra vez, tratando de no demostrar temor. —Ya te dijimos que somos los Grillos del Bosque. Cuantas veces hay que decirte las cosas a vos. ¿Sos sordo o qué? —me increpa uno. ¿Vos podés creer, Tronco, que existan estos bichos llamados Grillos del Bosque? Yo conocía a las moscas, los mosquitos, las hormigas, las abejas, las garrapatas, las mariposas y para de contar. Pero Grillos del Bosque... Bueno, como te decía. A todo esto se empezaron a juntar más y más de estos bichitos alrededor mío, todos haciendo ese mismo ruido insoportable. —¿Y porque hacen ese ruido? —les pregunto, tratando de entablar amistad. —¿Que ruido? —me dice uno. —Ese Cric, cric que hacen a cada rato. —¡Ah, eso! No sé. Si te digo la verdad te miento, che. Yo se lo escuché hacer a mi tío una vez y se me dio por imitarlo. —Yo también, escuche a mi abuelo... —Y yo.... mi hermano más grande lo hacía.... —Y yo... Así fueron saltando uno a uno mientras le seguían metiendo el Cric, Cric entre palabra y palabra. Hasta que se me escapó. Me salió de adentro, Tronco. No lo pude contener. Viste que yo no tengo filtro para algunas cosas y soy medio bruto para hablar. —¡Ah, pero son pelotudos importantes ustedes! —les dije. ¡Para qué! Como se me pusieron esos bichos, Tronco. —Pero que te pasa compadrito. —¿Que a quien te comiste? —Vení y paráte de antenas que te doy una y cosas por el estilo me empezaron a gritar. Estaban como locos esos bichos de mierda. Me tuve que ir rajando de ahí porque me linchaban, Tronco. Decí que tienen patas cortas y no me pudieron alcanzar, que si no... No te la cuento viejo. Y ahora me voy rajando devuelta porque me cago y tengo unas cositas que hacer, jeje. Después te sigo contando el resto y lo que me pasó esa noche después del incidente con estos bichos. Chau, Tronco. Saludos a la Panchita. ir al 10° Episodio ir al 12° Episodio

Seguir leyendo...

18 | Ya no estamos para estos trotes

¡Ay Tronco querido! ¿No sabés cómo está todo en el barrio, mi viejo? La tensión se corta con un huesito pelado. Se viene el día del juicio contra El Pirata y la Matilde. Y, ¿qué querés que te diga? Estamos todos cagados. No sé por qué pero las patitas me tiemblan todas y la mandíbula es una castaña. Estoy para tocar en ese grupo de perros cubano Buena Vista Canes Club, o algo así. ¡Ay mamita! Yo entiendo que la Doña Coquita lo tiene todo controlado, pero hay un rumor de que los galgos esos con los que se apareció el Pirata la otra vez, ¿te acordás?, esos que la Doña Coquita fajó y se fueron cagando. Bueno, andan diciendo que se van a aparecer el día del juicio con una banda que armaron en busca de venganza. Por eso estamos todo que nos hacemos encima. ¡¿Qué vamos a hacer, Tronco querido?! ¿Si se aparecen estos flacos sarnosos, qué hacemos? Vamos a tener que saltar todos a defender a la Doña. Es nuestro deber. Y vos sabes que yo estoy viejo para estos trotes. De joven era una flecha y me agarraba con el que vengan por cualquier cosa, pero ya no soy el mismo, loco. Ando falto de reflejos, de tiempo y estos vagos son rapidísimos y sanguinarios. Además no tienen códigos y van a ir a matar o morir. ¡Ay mi Dios! Si por lo menos estarían con nosotros vos y el Capitán. Eso sería otra cosa. Los tres mosqueperros. Ahí sí que me paró de patas con quien venga. Lomo con lomo, más la Doña Coquita no nos hace frente nadie. ¡Te acordás, Tronco, hace como unos siete años, cuando andábamos todos alzados con esa callejera del barrio de los edificios? Sí, te tenés que acordar. Una cruza con pastor alemán de pelo duro. Dale. No te hagas el boludo que vos un par de veces le diste para que tenga y guarde. Fue antes de que conocieras a la Panchita. No te hagas el sota. Bueno, ¿te acordás que un día la seguimos los dos hasta una casa abandonada, y cuando llegamos estaban dos perros callejeros sarnosos cruza con cualquier cosa y se nos hicieron los malos? —Rajen de acá si no la quieren pasar mal —me acuerdo que dijo uno. Y vos que en esa época eras de pocas pulgas, te le fuiste al humo enseguida y le diste una paliza de aquellas. Eras bravo, Tronquito en tu juventud, mamita. Y yo para no ser menos me encaré con el otro y ahí sí que nos dimos de lo lindo. Me acuerdo que lo cacé del pescuezo y lo tiré al piso. No lo dejaba mover y me quería sacar con las patas. Pero yo estaba firme. Hasta creo que le arranqué un pedazo de oreja. Como gritaba el pobre. A nosotros se nos vinieron a hacer los malos esos dos pulgosos. ¿Podés creer? Vos le metiste tú súper dentallada asesina en el lomo que lo dejaste nocaut enseguida. Y mientras yo continuaba peleando con el otro, te la fuiste a garchar a esa callejera. Yo te miraba cuando podía, porque el vago se me había zafado y me había ganado la espalda. Pero pobre infeliz. Iluso de él. Le clavé una patita trasera en un ojo y casi se lo arrancó de una. Encima me estaba alzando al verte a vos con esa que le dabas para el campeonato. Quería terminar rápido la pelea pero éste no sé rendía. Al final me acuerdo que usé una técnica que era infalible en esa época. Cuando me encaró me agaché rápido y lo deje pasar por arriba, al tiempo que le mordía la garganta con todo. Ahí lo liquidé. Se retorcía del dolor y se fue rajando. Yo como un perro inglés, te esperé a que vos terminaras y, así como estaba lleno de sangre, todo transpirado, le di también a esa perra. ¡Qué épocas, hermano! Pero éramos jóvenes y estamos con toda la leche. Ahora no puedo ni con el Chuzito, mirá. Por eso me ando cagado. Yo sé que la Doña Coquita tiene un plan por si aparece esos galgos, pero igual. Nos vamos a tener que agarrar a las piña y eso me asusta. Bah. Estamos todos así en el barrio. El Chuzo que va y que viene de acá para allá con esa pura raza que se trajo como si no le preocupara la situación. Igual con ese para los bifes no vamos a poder contar. Con eso del amor y la paz no creo que se haya peleado nunca con nadie. Y bueno, Tronco. Ya veremos qué sucede con todo esto. Yo por lo pronto me voy a trotar un rato para estar en forma y preparado para lo que sea el día del juicio. Me rajo, hermano. Nos estamos viendo, amigo. Lo que se viene. Los que se viene, Tronquito. Uno dos. Uno dos. Uno dos. ir al 17° Episodio ir al 19° Episodio

Seguir leyendo...

14 | ¡Oh! El amor, el amor

¡Tronco! Tronquito de mi corazón. ¿Cómo dice que le va al perrito más bonito de la cuadra? Mi chiquito lindo, esos cachetitos el buldogcito. Dichosos los ojos que te ven mi querido amigo, Tronco. Mucho no te puedo dedicar hoy, Tronquito porque me tengo que preparar para ir a la placita esta noche, porque, ¿a que no sabés con quien se va a encontrar el Manchitas? Sí, Tronco. Con la Lolita. Esa cachorrita bonita que tiene esa colita pompón que la mueve para aquí… la mueve para allá. Con la Lolita me voy a encontrar esta noche, Tronco. Una especie de cita, ¿viste? Pero te la hago corta que ando apurado. Resulta que esta mañana me agarraron unas ganas bárbaras de mear. Me levanté y le di al ombú de lo lindo. Como cinco minutos con la patita al aire, estuve. Bueno. Después ya no me podía dormir. Una vez que me levanto me cuesta volver a pegar un ojo, así que me fui a dar una vuelta. Me llegué hasta el parque ese que está pasando las vías porque quería tomar un poco de agua fresca de la fuente que tiene en el medio. Esa con las aguas bailarinas, ¿viste? Siempre está bien fresquita a la mañana y yo de vez en cuando me voy a desayunar al parque. Entonces me llego hasta el parque ¿y a que no sabes quién estaba ahí? Sí, Tronco. La Lolita. La guacha no sé si me olfateó de lejos o qué pero se me vino al humo. —Escondéte, Manchitas dentro de esas plantas de ahí que si te ve el Gordo te mata —me dijo. Yo entre sorprendido y un poco sediento le hice caso y me apiñé entre una planta de ruda. —¿Qué hacés a esta hora de la mañana, Lolita, en el parque? —le pregunto yo ya que eran las siete de la matina. —Es el Gordo —me dice—, que anda caliente con la Rubia aquella —me señala a la rubia con esa trompita lanosita y bonita que tiene mi chiquita hermosa… Bueno. Este… Me cuenta que el Gordo se había enterado que la Rubia sale todas las mañanas a correr a esa hora por el parque con el Toby, para hacer un poco de ejercicios, ¿viste?, y que ahora al Gordo se le dio también por ir todas las mañanas al parque para cruzarse con la Rubia. Tendrías que haberlo visto al Gordo, Tronco. Vestido con una campera deportiva y unas calzas ajustaditas que le llegaban hasta tres cuartos de las patas. Una ballena, parecía el mastodonte. Una imagen espantosa… Brrrrr. Fuera. Fuera imagen de mi cabeza…. En fin. Me quedé charlando un rato con la Lolita, yo seguía adentro de la planta de ruda. Una baranda estaba echando. Y encima tenía una sed de aquellas. Bueno. Estábamos meta charlar de cosas de la vida cuando se apareció el Toby, ese Chihuahua hincha pelotas que desde que se junta con el Chuzito se puso cada vez más idiota. Me empezó a ladrar sin parar el vago. Como una loca histérica se puso. —Calláte, Toby —le decía la Lolita. —Tomátelas, pibe —le decía yo desde la planta de ruda. Y éste que dale que te dale con el ladrido. Ya estaba a punto de salir a darle un sopapo, pero me contuve por miedo a que me vea el Gordo. —Toby, andá para el arenero que ya voy —le dijo la Lolita. —Allá te espero, muñeca —le dijo este y se fue ladrando. ¿Para qué? Yo estaba todo encorvado pero había parado la oreja. No soy ningún boludo, ¿viste? No. Si esa pulga se me estaba haciendo el sota con la Lolita. ¡Conmigo no, eh! Entonces sin pensarlo lo saqué a correr gritándole de todo al guacho. El tema fue que la Rubia me vio que lo estaba corriendo al Toby y se puso a gritar como una loca en el medio del parque. El Gordo, que estaba intentando hacer un abdominal desde hace una hora, al ver a la Rubia gritar desesperada porque yo corría al Toby se quiso hacer el héroe y, parándose como pudo, y agarrando una varilla de una rama también me salió a correr. La Lolita, al ver que yo corría la Toby, que la Rubia gritaba y que el Gordo me corría con una varilla, se puso también a ladrar. Se armó un quilombo, Tronco, en ese parque que ni te cuento. El Gordo se enredó con una raíz de un árbol y se fue de geta al piso, haciendo el avioncito en el pasto con su panza, aprovechando el rocía de la mañana. El Toby alcanzó a llegar con la Rubia antes que lo cache y se le subió a upa. Yo después de la corrida estaba más sediento que nunca y me fui hasta la fuente y me bajé como medio litro de agua. A todo esto el Gordo ya se había incorporado devuelta y se me venía con todo escupiendo pasto por la boca y sacudiendo la varilla. Yo me fui cagando, pero antes pasé corriendo por al lado de la Lolita y esta me regalo una sonrisita picarona, mi bonita, mi chiquita, lanudita… —Nos vemos pronto, Manchitas —me dijo mientras yo pasaba a los pedos seguido por el Gordo—. Esta noche vamos a la plaza —me alcanzó a gritar cuando yo ya ganaba las vías. Así que ahora, Tronco, me voy a preparar. Me voy a revolcar primero por una plantita de menta que hay en el baldío y me las pico para la plaza. El amor es así, hermano. No tiene descanso. ¡Oh, el amor, el amor…! ¿Qué haríamos sin el amor, Tronquito querido? ¿Qué haríamos, cachetoncito? Saludáme a la Panchita de mi parte. ir al 13° Episodio ir al 15° Episodio

Seguir leyendo...

17 | Por buenudo

No, Tronco. ¡No no y no! A mí sólo me pasa esto. Que pedazo de boludo que tengo que ser. ¿Cómo no pienso antes? Decíme Tronco, ¿porque soy tan arrebatado, loco? No aprendo más. Yo no tropiezo dos veces con la misma piedra, tropiezo veinte. Pero te cuento porque ya te veo tu cara de no entender nada. ¡Pero que pancho que soy! Y después me quejo de Chuzo. Bueno. Resulta que ayer, a la hora de la siesta, se me dio por salir a caminar. Anduve deambulando de acá para allá sin rumbo fijo. Estaba acomodando las ideas, ¿viste? Cuando se me da pasar por la canchita de acá a la vuelta. Iba lo más bien caminando por el medio del pasto cuando escucho que alguien estaba llorando. Un llantito como de hembra. finito y silencioso. Sigo el sonido y la veo, Tronco. Acurrucadita contra el palo. Haciendo pucherito, con los mocos colgando y los ojitos todos rojos. Era la India, Tronco. ¿Vos podés creer? Yo nunca había cruzado palabra con ella, así que no sabía qué hacer: si hacerme el boludo y seguir de largo o acercarme a consolarla. ¿Porque mierda no le elegí la primera opción y me fui al carajo? No. Si yo me creo que soy el súperheroe del barrio. Super Manchitas a sus órdenes. Cuando se sientan mal o estén en peligro hagan brillar la Manchi Señal y aparezco al instante. ¡Pero qué pedazo de pelotudo! Sigo, Tronco. ¿En que estaba? Ah. Si. Bueno. Entonces me acerqué y le pregunté qué le pasa. —Nada, Manchitas. Dejá. No me pasa nada. ¡Qué bronca me da cuando las perras hacen eso! ¡Estás llorando como loca y me dices que no te pasa nada! Tendría que haberme ido a la mierda ahí mismo. Pero no. Me quedé, Tronco. Y no sólo me quedé, sino que me le acerqué para consolarla. No sé si fue que me dijo Manchitas, señal que me conoce, o eso que te digo de que me creo un héroe a cada rato o porque la India esta que se parte. Pero la abracé y le dije que se calmara. ¡Para que! Se largó a llorar con todo sobre mi lomo. Y yo que le decía: —Ya, India. Ya. Ya está.  Y ella que lloraba y lloraba con más ganas. Como si mis consuelos le activaran un mecanismo del llanto enérgico. ¿Que se yo? Si hubieras pasado en ese momento vos, Tronquito, hubieras visto una escena conmovedora de un amigo consolando a una amiga. Pero a la que se le ocurrió pasar en ese momento fue a Lolita con el Gordo. ¡¿Qué carajo estaban haciendo a las tres de la tarde por la canchita, me querés explicar?! No sabés cómo se puso la Lolita cuando me vio abrazado a la India. Empezó a ladrar, a correr como loca. Decí que el Gordo la tenía con la correa que si no me despelleja ahí nomás. Tan histerica se puso que el Gordo la cargó a upa y se la llevó. Yo que me quedé duro sin saber qué hacer ni decir. No tuve reacción. La India se asustó con los ladridos de la Lolita y me abrazó más fuerte. Que mierda, Tronco. Que mala suerte que tengo, viejo. A mi solo me pasan estas cosas. Cuando casi la tenía a la Lolita, porque ya estaba rendida a mis encantos, va y me encuentra en una situación sospechosa con la India. Te juro, hermano. Te juro y te recontra juro que no había hecho nada malo hasta que llegó la Lolita. Sólo estaba consolando a la India como lo haría cualquier hijo de vecino. Nada más que eso.  Cuando se calmó un poco el tema, después que el Gordo se llevara a la Lolita, le pregunté a la India que que le pasaba. Porque estaba llorando. Porque se sentía mal. Y se me puso a contar. Dice que está triste porque escuchó que cuando nazcan sus cachorritos se lo van a regalar porque en la casa donde vive no los pueden tener. Encima el hijo de puta del Chuzo la dejó preñada y se borró como el mejor. No apareció más para ver si necesitaba algo. Y también me contó que se siente muy sola. Que nadie le da bola. Que no tiene amigos y que anda necesitando a alguien que la cuide, la escuche y la entienda.  ¿Que te voy a decir, Tronco? La India está requete buena y yo me embalé con esto último que me contó y, como un boludo, pensé que era una señal de esas que dicen los cachorros hoy en día. Así que ahí nomás le metí un languetazo. Pero nada que ver, hermano. Se puso como loca. Me empezó a gritar que todos los perros somos iguales. Que nos creemos los machos alfas. Que solo pensamos en "eso" cuando estamos con las perras y que se yo cuantas cosas más porque se fue despotricando a los gritos limpios que despertó a medio barrio.  Y yo ahí me quedé. Solo como siempre. Con el amigo al mango y sin el pan y sin la torta. Y chau esperanzas que tenía con la Lolita. Porque esta no la remo más. Y lo peor de todo es que no hice nada, Tronco. Todo esto me pasó por buenudo. Por pelotudo me pasó, Tronco. Soy un super pelotudo. Me voy a la mierda. Me voy a tirar abajo de un camión o a bañarme en ruda. No se. Últimamente vengo con una mala leche terrible.  Nos vemos, Tronco. Saludame a la Panchita . ¡Y la concha puta de mi hermana perra! ir al 16° Episodio ir al 18° Episodio

Seguir leyendo...

13 | Se terminó la joda

Tronco, querido. Te vengo a anunciar oficialmente que se terminó la joda en el barrio. Sí. Así como te lo digo. Ayer, cerca de la medianoche, hizo la tan esperada aparición la Doña Coquita. Organizó una reunión enseguida en el baldío y puso las nuevas reglas. Así nomás. Sin preámbulos. No se anduvo con chiquitas ni nada por el estilo. Se volvió a autoproclamar la líder de los callejeros y al que le guste bien y al que no también. Así lo dijo. Bien claro para que todos la escucharan. El Pirata ni se apareció. No creo que a la Coquita le haya gustado ni medio. Pero no es problema mío. Yo soy un simple servidor de la causa. A mí no me jodan. Yo voy a poner los huesitos como buen perro que cumple con su obligación y chau quilombo. Hablando de eso. Nos pidió tres huesitos a cada uno por semana de impuestos. ¿Y sabés una cosa? Me parece bien y justo. Si te ponés a pensar no es tanto y lo veo como una inversión en seguridad. A la Matilde le dijo que si quería seguir trabajando en el barrio va a tener que pagar extra por “ganancias” o algo así y no sé qué plus más por ingresos brutos. La Matilde ni “mu”, ¿sabés? Asintió con la cabeza como una foca y se quedó en el molde. Chita el hocico. Estaba re cagada la guacha. No se la vió venir tan rápido y pensaba que se la iba a seguir llevando de arriba. No viejo. Se—ter—mi—nó—la—jo—da. Y San se acabó. Ah, me olvidaba, Tronco. Preguntó por vos y por el Capitán. Le dijimos que habían sido adoptados y comentó que después venía a hablar personalmente con ustedes. Pero no pongas esa cara, che. No te preocupes que dejó bien en claro que ustedes dos son un ejemplo para el resto y que los más chicos los tienen que respetar y hacerles caso en todo. Tomá pa´ vo, Tronquito. Perro ilustre del barrio te van a nombrar. Acordáte lo que te digo. Bueno. Así están las cosas por acá. Nuevo gobierno. Nuevas reglas. Nuevas esperanzas. Se siente en el aire el cambio. No sé qué va a salir de todo esto, pero que vamos a vivir más tranquilos, no te quepa la menor duda. Antes era una anarquía esto, Tronco. Ahora se va a encaminar la cosa. Cada cual va a tener su lugar en el barrio y los callejeros vamos a estar de una buena vez un poco más organizados que tanta falta nos hace. Ahora no me tengo que preocupar tanto por algunas cuestiones que antes me hacía la cabeza pensando y pensando. Sólo voy a enfocar mis energías en la Lolita. Esa perrita hermosa que me vuelve loco. Va a terminar siendo mía, Tronco. Vas a ver. Se me resiste la guacha pero sé que en el fondo le gusto. Voy a usar todas las estrategias que hagan falta. Vos también me podés tirar un centro, loco. Nunca me quisiste contar como te levantaste a la Panchita. Te podés portar conmigo y contarme… ¿No? Que reservado que sos, chabón. Pero igual te quiero, Tronquito de mi vida. Sos cerrado y callado, pero seguís siendo un groso. Al que hace tiempo que no veo es al Chuzo. Desde que se perdió en los bosques que no lo vi más. Para mí que se está haciendo el boludo porque se enteró que la Matilde y la India están preñadas de él y se mandó a mudar. ¡Qué perro hijo de puta! ¡Mirá vos lo que me vengo a dar cuenta! Lo del viaje a los campos era toda una excusa. Pero que perro más cobarde. Se tomó el palo. Bien que le gusta el mete que te mete, pero después hay que hacerse cargo, viejo. No se puede andar poniéndola en cualquier agujero y después desaparecer. Pero no me quiero poner loco otra vez. Ya está. No es mi problema y ya me olvido del asunto. Listo. No hablo más del tema. Que cada cual se haga cargo de lo que se tiene que hacer cargo. No voy a meter más el hocico donde no me incumbe. En fin. Qué le vamos a hacer, Tronco. La vida es dura y hay que pelearla todos los días para ganarse un hueso. Está difícil la calle. No está para cualquiera. Hay que resistir y nunca bajar las patitas. Ahora te dejo, hermano. Me la voy a patear un rato a ver que se ve por ahí. La seguimos en otro momento. Cuídate, Tronquito. ir al 12° Episodio ir al 14° Episodio

Seguir leyendo...